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Castillos Hinchables en Sevilla

Castillos Hinchables en Sevilla

El otro día tuve la oportunidad de ver a payasos y animación en directo en el club social al que asisto. No es que yo estuviera invitado. Pero como lo organizaban en los jardines junto a la piscina, sí podíamos ver y escucharlos a lo lejos. Se trataba de una fiesta de cumpleaños de una niña de unos 7 años.

Habían colocado unos castillos hinchables, un escenario con megafonía para los payasos y animación y como no podía ser menos las correspondientes mesas y sillas para la merienda casi cena. Con esto de la baja natalidad, es decir, uno o dos niños por matrimonio, creo que había más padres que niños. Resulta raro pero se está haciendo habitual en los cumpleaños de las últimas décadas. Había más padres mirando que niños saltando en los castillos hinchables. Eso si todos con su vaso en la mano y el correspondiente plato con algo de picar.

Me pareció que la actuación de payasos y animación eran la atracción más importante del programa. Vestidos de duendes en verde y rojo eran la algarabía de los niños. ¡Qué encanto ver disfrutar a los niños! Estuvieron cantando y bailando como locos. Las típicas canciones infantiles que todos conocemos. Algún que otro truco sencillo de magia que provocaba que a los niños se les salieran los ojos de las orbitas. Y por supuesto los típicos montajes de bromas y chistes de los payasos. También organizaron un pilla-pilla en los castillos hinchables donde los niños intentaban ponerse a salvo de los acosos y cosquillas que les hacían los duendes. Observé como a más de algún padre se le caía la baba viendo a sus hijos muertos de risa y con el nerviosismo eufórico de los niños que se lo están pasando bien.

¡Qué buen invento este de compaginar unos castillos hinchables con una buena actuación de payasos y animación! Fue una gozada para mí compartir desde la distancia esos momentos. Como siempre y ya tocando a su final, entonaron todos la canción de cumpleaños mientras la niña cogía aire en sus pulmones para soplar con fuerza las velas de la tarta. No acerté a ver cuántas había. Pocas, muy pocas si las comparase con las mías. ¡Qué recuerdos de aquellos años de santa inocencia!