el Incomprensible Mundo De Gabriel Revelo


Mburukujá period una hermosa doncella española que había llegado a las tierras de los Guaraníes acompañando a su padre, un capitán del ejercito de la Corona. Conocerte en definitiva ha sido lo mejor que me ha pasado, eres la mayor bendición que pudo haber llegado a mi vida... Aún me cuesta el dueño de mi destino creer que en el pasado haya podido haber alguien que te tuvo y te dejó ir, sin embargo lo agradezco, agradezco la ignorancia de aquellas que estuvieron antes de mi, agradezco también haber sido la primera para ti, agradezco que hayas sido tu el primero en mi vida, el primero en todo.

Con un roce de tus manos sabes hacer que me entregue a ti, con un susurro de tus labios alejas los temores que comienzan a surgir, conoces muy bien el arte de la seducción, y yo aquí por mi parte soy presa fácil del ágil cazador. Trajiste rosas a mi cama y en tu cara de ángel vi la culpa reflejada... quizá esta vez sea cierto, quizá no finjas tu lamento, quizá esta vez ya todo cambie; Me pides que no se entere nadie, me dices que será la última vez, me juras que me amas, que te desconoces, que no eras tú, que sin mi mueres... Y YO TE CREO. Te besé, te abracé y te dije que te amaba, volvieron las niñerías y la complicidad, pero dentro de mi aún recordaba el dolor, aún quemaba el recuerdo.

Sí, aunque lo repita siempre que tengo la oportunidad te lo volveré a decir en esta carta: eres mi mayor orgullo, la razón de mi felicidad, mi motivo y motor para querer ser mejor,día con día trabajo en pro de ello: convertirme en una mejor versión de mi misma. La marea que sube es la de tus besos, capaces de borrar cualquier señal de enojo tristeza en mi. Un abrazo y un te amo sinceros son capaces de botar todo el orgullo y dejar en el olvido cualquier enojo.

Y las habladurías sociales afirman sin ningún fundamento valido, que las mujeres inteligentes las estudiantes de carreras difíciles tienen que llevar el pelo muy corto y sin trenzar, porque esto demuestra que pasan más tiempo delante de los libros que en la peluquería. Tal como decía el reglamente de mi instituto que ponía en letras grandes: Una buena científica tiene que llevar el pelo corto”.

Las tres poltronas vivían en su indegandancia y sintiéndose juzgadas por el resto de la humanidad decidieron irse a vivir juntas. Vivían juntas en una armonía ejemplar en la que la pereza se enlazaba con la gandulearía por el placer de ellas. Veía cómo el ladrón rebuscaba en la casa pero le dio palo pararle por lo que cerró los ojos para no verle más y cayó redonda, y más dormida aún, al suelo haciendo temblar la tierra. Tal fue su miedo que abrió grande los ojos e inspiró por la sorpresa dejando el mundo en silencio.