5. LA ARQUITECTURA COMO COMPOSICIÓN.

5.3.2.4 Mito 3 Los cinco puntos de la arquitectura.

Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano se explican muy bien. Tras escuchar el argumentado relato de sus proyectos es difícil no compartir sus interpretaciones. Propones:

-Un papel generador para la CUBIERTA y es obligado hallarlo en los perfiles serrados o las azoteas perforadas.

-Sugieren la importancia fértil de la GEOMETRÍA y no hay planta donde esta no se afirme con elocuencia.

-Valoran la expresividad plástica de los MATERIALES.

-Subrayan el protagonismo dramático de la LUZ y las secciones evidencian la voluntad de modelarlos con rotunda precisión.

-Mencionan la trascendencia del PAISAJE y es imposible no detectar las huellas de su fascinación por el land art en muchos de sus gustos proyectuales.

-Comentan el diálogo de su arquitectura con las existentes y la propia secuencia de los emplazamientos suministra ya un catálogo de conversaciones con la HISTORIA.

Luis Fernández Galiano

AV Monografias 146

A través de la brillante explicación de Luis Fernández Galiano de la obra de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, se ve la línea de continuidad desde Le Corbusier y sus cinco puntos. En este caso son seis y se refieren básicamente a dos vectores: La geometría como la formalización material (material entendido como objeto real y como elemento que facilita el objeto real) y la envolvente o la acotación de un espacio para los sentidos, la atmósfera.

La historia, que no figura en los cinco puntos de Le Corbusier, se refiere más al hombre que proyecta, que construye, que habita, que a la arquitectura en si. Como en toda comunicación existe una divergencia entre quien ofrece y quien recibe la información, en el caso de la comunicación arquitectónica, la historia es la modulación que permite la comprensión en un primer paso y la aprehensión de la arquitectura por la sociedad destinada a interpretarla, entenderla y en último paso apropiarse de la misma.

Mateo considera que “ser arquitecto exige un punto de arrogancia delirante, porque sin él es difícil hacer algo que valga la pena”, pero también el punto de “humildad franciscana” del que es sensible a lo que él llama melancolía del constructor

El Pais[1]



[1] Publicado por M. E. Torres el 19 Julio de 2014 Tú construye, que nosotros ensuciamos las paredes.